Capítulo 1: Protocolo Omega
El centro de mando estaba lleno de gente que acababa de terminar su adolescencia o estaba en sus veintes. Todos llevaban algún tipo de uniforme puesto, pero difícilmente era el correspondiente, y cada uno estaba resolviendo alguna de las alertas que habían encendidas.
Calculé alrededor de treintaidós personas, todas farfullando las unas con las otras, y en su mayoría eran mujeres. Violet, la hermana mayor de Lily era la única que no abría la boca, caminaba de un lado al otro frente a la computadora principal, intranquila, pensando.
Tenía el mismo cabello que su hermana, sólo que toda la vida se lo había cortado casi al ras; ahora, estaba a punto de taparle las orejas, así que era una maraña de rizos andante. Violet no me llegaba más arriba de los hombros, así que espero sea comprensible que mi primera impresión de ella fuera su pelo. Luego, cuando ya estuve cerca, me di cuenta de que llevaba consigo una tableta que en la pantalla tenía un diagrama de la nave repleto de alertas de todos los colores posibles.
Me le acerqué tímidamente, siempre me había intimidado un poco.
—¿Qué ocurre? ¿Por qué estamos despiertos?
Pasó de largo frente a mí, ignorándome por completo.
—Protocolo omega —me contestó un muchacho, en cambio, cuya presencia no había notado hasta que me habló. Era tan rubio que su cabello parecía brillar casi tanto como su sonrisa. Tenía un gesto muy dulce y sereno, a diferencia de las hermanas Terror Terrible, y su mirada me producía algo extraño y agradable. Era sólo un poco más alto que yo, pero tenía unas tres veces mi capacidad muscular.
Estaba apoyado en uno de los extremos de la consola de mando, en la que Lily estaba trabajando.
—Gracias —contesté con una sonrisa y me giré hacia Lily—. ¿Por qué no partiste por ahí?
Antes de que Lily me ladrara, el muchacho volvió a intervenir.
—No pudo haberlo sabido. Tenía que estar despierto un nivel cinco o superior para que se desbloqueara el sistema, y la aclimatación te tomó más de lo esperado.
Me quedé boquiabierto y Lily esquivó mi mirada.
—¿Soy el nivel más alto despierto? —murmuré.
—Eres el rango más alto vivo —contestó Lily en un susurro. La sonrisa del chico rubio perdió un poco de brillo, pero siguió observándome animoso. Entonces comprendí por qué mi amiga estaba tan tensa. No era un protocolo omega cualquiera y ahí estaba la respuesta.
Protocolo omega significaba que una o más situaciones de emergencia requieren la atención de uno o más equipos de respuesta competentes, por lo que el programa busca en la base de datos y despierta a los humanos necesarios, de los cuales uno de ellos debe ser de rango superior a los demás y queda a cargo de todo lo que suceda en la nave, y mientras más alertas hay que atender, más humanos deben despertar. Así, de un segundo a otro, me volví responsable de la nave más grande que la raza humana hubiera construido.
—Lily, ¿Cuál es la situación realmente? —pregunté manteniendo la calma. Ella tenía la vista fija en la pantalla y yo ni siquiera entendía lo que estaba haciendo con los controles.
—¿Tú siempre has usado gafas? —le preguntó el muchacho rubio de pronto, aturdiéndola lo suficiente para desviar la vista hacia él.
—S… sí, pero no —contestó dubitativa—. Antes usaba lentes de contacto.
Él asintió y ella volvió a la tarea. Yo me le quedé mirando. Era atractivo y de apariencia inocente, me causaba una sensación agradable y desconocida.
—¿Y tú qué funciones cumples? —le pregunté abruptamente, sin darme cuenta de que lo que sólo quería formular como un pensamiento en realidad había escapado de mis labios.
Él alzó las cejas y sonrió.
—Yo debería estar a cargo de los equipos de respuesta a fallas mecánicas y estructurales, yo tenía prioridad porque me corresponde analizar el nivel de daños, pero mis compañeros no tenían prioridad. De todas formas, eso significa que no están en peligro —contestó con sencillez. Inhalé para contestarle, pero Lily se interpuso poniéndose en pie bruscamente.
—Necesito entrar a la computadora central. Tenemos un virus.
Se hizo el silencio en la habitación y todos se voltearon a mirarla.
—¿Cómo? —pregunté incrédulo, pero aún calmado.
—No estoy segura, sólo puede haber entrado a través del radiotelescopio y la falla comenzó hace unas horas, mientras éste examinaba el cúmulo de las Pléyades; algo estaba transmitiendo la señal desde algún punto de la constelación. Infectó todo, tengo que eliminarlo antes de que la nave sea completamente inútil.
Retrocedí un paso para poder ver bien a mi tripulación de mando.
—¿Quiénes aquí son nivel cuatro? —pregunté alzando un poco la voz. Violet y Lily alzaron la mano observándome con impaciencia, todas las demás personas permanecieron inmóviles. Luego de un instante, tímidamente, mi nuevo amigo alzó la mano. Tres. Tres nivel cuatro.
«Por Apolo… ¿Ahora qué hago?» pensé y solté un suspiro.
—De acuerdo. Violet, oficial de primera, queda a cargo del timón —le indiqué a la tripulación y todos se voltearon intimidados; la chica era de armas tomar—. Necesito que cada uno tenga su identificación con nombre, rango y departamento, y una habitación. Inmediatamente van a conseguir más ropa, la temperatura va a seguir bajando. Ustedes —agregué hablándoles a mis nuevos oficiales de puente—, vienen conmigo.
—Espera —me llamó Violet—, tú tienes que ir primero —me informó. Se sentó frente al panel que recién estaba ocupando su hermana y rápidamente creó mi tarjeta de identificación.
Harley Tesla.
A.L.T.E.R.
Capitán de navío.
«Capitán de navío» leí una y otra vez el texto en letras doradas, y mi estómago se hizo un nudo.
—Gracias —contesté. Tomé el parche y lo adherí a donde hasta hace un instante se encontraba mi rango provisorio.

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