13. Дневник (dnevnik) [Diario]: Un recuerdo innecesario.

 

Antes de empezar a andar, les pedí un momento a nuestras nuevas compañeras de expedición para que mis amigas se recompusieran emocionalmente de tantas sorpresas. Ellas accedieron, así que mientras ordenaban su propio equipo y las chicas cuchicheaban, yo me acerqué a la raknea para disculparme. Suena estúpido y hasta tonto, tal vez, pero a fin de cuentas… sobrevivimos porque ella murió. No hay un concepto de justicia o de maldad que se pudiera aplicar, sólo de supervivencia. Sin embargo, nunca me ha agradado la idea de tener que matar otra criatura «por el bien mayor», aunque a veces sea la única solución lógica.

Cuando viví con mi babusya en su granja, tuve que aprender a manejar a todos sus animales; tampoco eran tantos, pero los vecinos también me pedían ayuda. Caballos, vacas, ovejas, corderos y cabras tuve que aprender a atender, todos tenían sus necesidades distintas, pero lo que siempre me quedó marcado fueron las gallinas. La primera lección de mi abuela fue cómo agarrarlas. La segunda, cómo matarlas sin que les doliera; al menos, ella me dijo que no les dolería, y en ese entonces le creí.

Una tarde, mi abuela me llevó corriendo al gallinero porque se escuchaban alaridos hasta dentro de la casa; si no has escuchado esos gritos de gallina desesperada, considérate alguien con suerte. Resultó ser que una de las gallinas se había vuelto loca, o lo que fuera, y estaba atacando a las demás hasta sacarles los ojos; a una la dejó completamente ciega, nos dio mucha pena, pero ya no había nada que pudiéramos hacer por ella. Sin embargo, todavía quedaba la gallina loca.

Mi abuela la atrapó y al rato la mató, sin que las demás gallinas pudieran verla; «no es necesario que sea un espectáculo» me decía, «pero cuando un animal pone en peligro a los demás, es mi responsabilidad hacerme cargo. En la naturaleza, habitualmente la única posibilidad para la supervivencia de uno es la muerte de otro». A mi abuela le gustaba mucho leer, así que solía sonar más dramática de lo que era necesario; mi mamá, su hija, siempre se reía de eso cuando estábamos de visita.

«Eso no significa que uno no pueda sentirse culpable por hacer lo que es necesario».

—Pero lo que es necesario generalmente no es agradable —murmuré como si realmente hubiera estado hablando con ella. De pronto, sentí que la extrañaba, y se me apretó algo en el pecho. ¿Volvería a verla? ¿Pronto? ¿O algún día?

«La memoria es traicionera» pensé. «No te acuerdas de qué hace el trifosfato de adenosina cuando tienes examen, pero sí de tu abuela matando una gallina, obvio».


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